Los precandidatos del Barça han entendido que los números nos interesan a cuatro. Estas elecciones se ganan con popularidad, protección del modelo de propiedad y ventajas para el socio. Joan Laporta, además, cuenta con el extra de que su mandato va ligado a una generación de la cantera a la que se le conecta directamente y que el fútbol funciona. Dicho esto, repasemos de la forma más aséptica posible cuál es la realidad económica. Con una obviedad: cualquier comparativa con 2021 siempre será favorable. Ese año, con la pandemia haciendo estragos y el cerrojo echado al Camp Nou, el club tocó fondo.
La junta de Laporta se encargó del cierre contable de 2020-2021, anticipando amortizaciones de fichajes fallidos y cargando provisiones ante posibles litigios. Pérdidas récord de 481,3 millones de euros. Ese movimiento -similar al de 2003, propina de vuelta a lo de 2010- reforzaba el discurso de que la junta de Josep Maria Bartomeu dejaba una herencia horrible, pero también era un disparo en el pie en términos de cómo funciona el fair play financiero.
Tras años de críticas sobre lo malo que es Javier Tebas y cómo ha coaccionado los movimientos del club blaugrana, al final resulta que esas medidas coercitivas en cuanto a inscripciones de fichajes son las que han permitido que el peso de la masa salarial haya bajado de un promedio del 66% con Bartomeu al 51% en que se situó en 2024-2025. Utilizar la comparativa del 104% de 2020-2021, con los ingresos hundidos y los costes inflados, es bastante tramposo.
La recuperación no ha venido por recetas milagrosas. Se cantaron 667,5 millones de euros en ingresos extraordinarios con la venta del 25% de los derechos de televisión de LaLiga a Sixth Street. Eso implica contar con 40 millones de euros menos cada temporada durante 25 años. Una operación similar a la demonizada de CVC y LaLiga, reduciendo a la mitad el plazo a cambio de más que doblar el porcentaje de ingresos audiovisuales al que se renuncia.
Aún puede haber sorpresas negativas con las palancas. Barça Vision se valoró de inicio en 408 millones, se habló de 1.000 millones con la fallida salida a Bolsa y hoy sólo vale 178,3 millones de euros. Una participación que se aguanta por la recompra de acciones a Jaume Roures y la extraña entrada de Aramark tras quedarse la restauración del club. Existe el riesgo, más que probable, de que la junta que gane las elecciones deba asumir nuevamente otra devaluación.
En comercial, es justo destacar que con BLM se ha hecho espectacularmente bien y CAT ha sido la guinda. Más puede chirriar que reconducir la relación con Nike haya costado 50 millones en comisiones y 4 millones más en prendas que jamás verán la luz. Si Spotify llegó por Darren Dein, los porcentajes de los que se hablan no son nada extraños. Más molesto es coger el dinero de New Era Visionary Group, Vegan Nation, RD Congo o ZKP sin importar los peajes reputacionales.
El Spotify Camp Nou había que hacerlo y nunca me gustaron los agoreros que abogaban por darle al pause. La potencia del Barça hará que los 1.500 millones de deuda se puedan absorber sin excesivos problemas con los nuevos ingresos previstos. Las PSL del hospitality han dado otro extra de 100 millones y está la bala guardada de colocar más asientos bajo ese modelo. Tan cierto es eso como que el Palau Blaugrana requerirá de endeudamiento adicional porque el estadio acabará costando más. De Limak, los hechos hablan por sí solos: más de un año de retraso y coste superior al prometido.
Lo dicho, algunos datos que difícilmente marcarán la campaña, pero que son necesarios de recordar para aplacar el triunfalismo de unos y el catastrofismo de otros. El Barça istoo big to fail, pero que eso no nos impida exigir siempre una mejor gestión.