Las matemáticas, y la distancia con el territorio de permanencia, aseguran que la salvación en Primera División será un desafío para valientes. No todos son capaces de afrontarlo. Lo natural, de hecho, es tirar la toalla y asumir la realidad, por muy difícil que sea de digerir. Sin embargo, tal y como demostró con su triunfo contra el Alavés (2-0), no hay reto, independientemente de su magnitud, que intimide a un Levante acostumbrado a luchar a contracorriente, a navegar en la adversidad y a superar obstáculos de todo tipo. Sus años de historia certifican que ha salido de escenario peores. Siete puntos con la permanencia, que ahora son cuatro, no son nada para un equipo luchador y entregado.
Sin ir más lejos, el Levante resurgió entre sus propias cenizas para lograr un ascenso inigualable cuando nadie apostaba por ellos. Y más, después de que el Alavés, adversario al que tumbó con un doblete de Carlos Espí para recortar unidades con la salvación, le asestase el desenlace más cruel, tormentoso y horrible que jamás se ha visto en el mundo del fútbol, sin tener en cuentas las dramáticas consecuencias a nivel económico, institucional y social que experimentó una afición cada vez más resiliente. Quién sabe si los tres puntos frente al Alavés sirven para cerrar el círculo. Seguro que muchos recordaron aquel 17 de junio de 2023 con el subidón y la adrenalina que ha producido su triunfo frente a los de Coudet. Sin embargo, ya no vale de nada mirar hacia atrás. El futuro, por muy difícil que sea el desafío, se antoja, como mínimo, esperanzador. El equipo, sin dudas, se dejará la piel para salvarse en la élite del fútbol español.
Dio la sensación de que la urgencia de sumar de tres residió en el bando que, pese a estar sumergido en la pelea por la permanencia, se colocó, al inicio del partido, nueve puntos por encima de su rival y, sobre todo, en el lugar donde aspira quedar el Levante independientemente de las formas: fuera del descenso y consumando un año más en Primera División. Salió muy activo al inicio, y tal fue su ímpetu de ganar en los primeros compases del choque, que Carlos Álvarez se quedó a centímetros de marcar a las primeras de cambio. El ‘24’, colándose indetectablemente entre centrales, no impactó de manera acertada cuando quiso conectar un centro picado que le dejó solo frente a Sivera.
A partir de ahí, los pupilos dirigidos por Luís Castro llevaron los hilos de la posesión, pero el Alavés fue quien cogió la batuta de las oportunidades, protagonizando acercamientos peligrosos que desestabilizaron los corazones del Ciutat. Mathew Ryan, repeliendo un fuerte disparo de Ibáñez primero, y volando sin motor para desviar a córner un lanzamiento desde fuera del área, sostuvo a su equipo antes de que Dela, sobre la línea, sacase un disparo de Carles Aleñá dirigido al fondo de la red. No fue hasta el 44’, fruto de una conducción de Iván Romero que obligó a Sivera a estirarse, cuando el Levante disparó entre palos.
Sin embargo, su paso por vestuarios le sirvió para espabilar, meterle más colmillo al partido y pelear por los puntos con el cuchillo entre los dientes. No obstante, Carlos Álvarez, uno de los faros encargados de guiar al Levante hacia la permanencia, vivió una reanudación desafortunada. Se topó con el palo y, en el 58, sintió una molestia en el pubis que le impidió seguir en el encuentro. No le queda más remedio al coliseo de Orriols que cruzar los dedos para que una de sus estrellas pase el menor tiempo posible lejos del césped. Mientras, una segunda amarilla a Víctor Parada cambió el panorama. Todo el Ciutat empezó a soñar con tres puntos trascendentales para lograr la salvación. Y más, cuando un remate de tijera de Carlos Espí fue palmeado por Sivera cuando la grada se preparó para cantar la diana.
Las ocasiones se sucedieron, al igual que el desespero aumentó según transcurrió el tiempo. No obstante, no todo es desesperanza en el Levante, experto en hacer frente a adversidades de cualquier índole. Si el ascenso ante el Alavés se fue en el último suspiro, Carlos Espí, pocos días después de oficializar su renovación hasta 2028, celebró su ampliación de contrato anotando, en el 88’, el gol que permite creer que la permanencia es posible. Se zafó con el defensor, dominó el esférico y ejecutó un disparo que, después de desviar un defensor, impactó en el palo para terminar en el fondo de las mallas. La locura en el Ciutat fue absoluta y no es para menos. El Levante recuperó la sonrisa y aumentó su porcentaje de permanencia. La sentencia de Espí, a pase de Etta y en el descuento, fue el colofón a una noche que, ojalá, sea un punto de inflexión. El impulso que le hace falta a este Levante para, de una vez por todas, creer más que nunca en sus posibilidades.