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Todo es falso, salvo la verdad

Se ve que un socio, del que no ha trascendido su nombre —todavía— presentó el viernes por la noche en la Audiencia Nacional una denuncia contra el presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, ahora precandidato a las elecciones del 15 de marzo, y otros miembros de su junta directiva y ejecutivos del club, por blanqueo de capitales, administración desleal, cobro de comisiones indebidas, fraude a Hacienda, falsedad documental y pertenencia a la organización criminal.

Las acusaciones son gravísimas. Joan Laporta ha reaccionado con contundencia. Aseguró que "todo es falso" y calificó a los promotores de la querella —sin decir sus nombres ni apellidos—, porque afirma que aquel "socio" no actúa en solitario, de "gentuza de vuelo gallináceo".

El juez Santiago Pedraz, al que se le ha adjudicado la denuncia, decidirá si la admite a trámite e inicia las diligencias judiciales pertinentes. Mientras, debemos creer a Joan Laporta, y no solo creerlo, cuando afirma que «todo es falso». Porque el contexto en el que se ha presentado la denuncia, de precampaña electoral, y el anonimato del demandante son detalles importantísimos. Ahora, la embadurnada es ya tan colosal que, en cambio, no deberíamos creer, y no sólo no pretenderlo, que alguno de los otros candidatos está detrás de la demanda.

La realidad es que desde 2003, al menos, cuando Laporta accedió a la presidencia del FC Barcelona por primera vez, presidentes, expresidentes, precandidatos, candidatos y socios más o menos bienaventurados han judicializado la institución a partir de sus filias y fobias personales. Eso sí, siempre "por el bien del Barça". Son casi 25 años y no pinta que la broma deba acabarse, más bien parece otra "broma infinita", pero de una calidad pésima. Tanto hablar de "sentimientos" y resultará ser verdad que sólo son “ambiciones, intereses y negocios".

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