La WNBA pasa por su mejor momento. A principios de siglo, era una liga que no conocía mucha gente, que pasaba inadvertida. El público general ni siquiera es consciente de que esta competición lleva existiendo desde el año 1997. Ahora, algunas jugadoras han pasado a ser celebridades del baloncesto estadounidense y mundial y la asistencia a los pabellones está en su momento más álgido.
Sin lugar a dudas, la WNBA se ha convertido en un ejemplo de cómo el deporte puede ser una plataforma para la igualdad. Un referente en el deporte femenino que guía a los demás por el camino correcto hacia el reconocimiento y el espectáculo. Gigantes como Disney, Amazon y NBC se han interesado en este movimiento que cada vez genera más dinero y atrae a más gente.
Los datos hablan por sí solos. En 2025 se triplicó la audiencia media televisiva en los partidos emitidos en ESPN, con una media de 1,3 millones de espectadores. Además, la asistencia ha crecido un 156% y en más de la mitad de los partidos se han vendido todas las localidades disponibles. El 'merchandising' también se ha disparado en cuanto a números, aumentando un 756% de un año a otro.
Una de las caras más visibles del movimiento es Caitlin Clark. La número uno del Draft en 2024 es todo un icono en el mundo del deporte, haciendo anuncios con marcas como 'Nike' y colaborando con deportistas de la máxima élite. Se calcula que su figura es responsable de más del 25% de los ingresos de la liga, incluyendo entradas, televisión y venta de camisetas y otros productos.
El 'boom' mediático supone a día de hoy una batalla económica con la propia liga. La WNBA ofreció un límite salarial de 5,65 millones de dólares por franquicia para la temporada 2026, lo que supondría un salario medio de 535.000 dólares por jugadora. Aunque se trata de un aumento significativo respecto a la situación actual (1,5 millones), el sindicato de jugadoras quiere más.
Debido a que los ingresos de la liga se han disparado tanto en los últimos años, se reclama un límite salarial de 9,5 millones, aunque la liga considere esta oferta "poco realista". La lucha sigue y el reloj no se detiene. Se debe llegar a un acuerdo el próximo 10 de marzo, sino el inicio del próximo curso, previsto para el 8 de mayo, podría estar en serio peligro.
"Pagadnos lo que nos debéis"
Este conflicto ha sido trasladado a pista en los últimos meses. De hecho, en el All-Star del año 2025, las jugadoras aparecieron con camisetas negras y el siguiente mensaje: 'Pay Us What You Owe Us' (Pagadnos lo que nos debéis), para mostrar su malestar por el bloqueo de las negociaciones. Más de un año después, no se ha alcanzado todavía un acuerdo.
Incluso el comisionado de la NBA, Adam Silver, opinó sobre este asunto. "Lo que me gustaría lograr es, de alguna manera, poner presión sobre todos. He pasado por muchos ciclos de negociación colectiva, y muchas veces las cosas se resuelven en el último momento. Y ahora nos estamos acercando peligrosamente a ese último momento en las negociaciones", comentó.
La WNBA ya no es una promesa de futuro, es una realidad consolidada. Tras años reclamando visibilidad, la liga ha demostrado que puede generar audiencias, negocio e impacto cultural al más alto nivel. Y ahora, en pleno auge, el siguiente paso es inevitable: convertir ese crecimiento en estabilidad y justicia económica para sus protagonistas. El pulso persiste.