Pablo Motos, que nació en Burgos hace 60 años, recuerda su infancia con una mezcla de cariño y picardía, ya que su curiosidad y sus travesuras le hacían destacar entre los demás niños: "Mi infancia fue feliz, pero yo era un niño bastante rebelde"
El comunicador proviene de un hogar humilde, donde sus padres trabajaban incansablemente para sacar adelante a la familia: "Mi padre era cocinero en el hospital de Requena y por la tarde era vendedor de libros. Ahora intento compensar lo rebelde que fui de niño y procuro que se sientan colmados de todas las formas posibles, tanto mi padre como mi madre”, contó en 'XL Semanal'.
A pesar de la felicidad, la adolescencia de Pablo estuvo marcada por la rebeldía: "Me pasaba la vida intentando hacer algo malo, incendié dos veces la casa de mis padres y mi segundo hogar era el trastero, donde me pasaba las horas castigado y a oscuras". Sin embargo, la pérdida de uno de sus mejores amigos durante una persecución policial lo hizo replantearse muchas cosas.
El esfuerzo de su padre también dejó una huella imborrable en su memoria: "Mi padre descubrió que si iba yo y ponía cara de pena, vendíamos más. Si había una dependienta o una jefa, ese era mío. Le ponía la carita y no apartaba la mirada".
Con la muerte de sus padres, Pablo Motos ha podido compartir algunos secretos de su infancia que antes guardaba con discreción: "Ahora que mis padres han fallecido lo puedo contar. A mí mis padres me daban de fumar en casa. Mi madre era una persona de otro planeta, maravillosa e increíble. Le gustaba echar el humo y luego decirme, '¿una caladita?'".
Pero los cigarrillos no eran lo único que recibía de sus padres. El comunicador también recuerda cómo le daban alcohol de manera controlada, en pequeñas cantidades: "También me daban siete cucharadas de carajillo. Se lo tomaban mi padre y mi madre y decían 'venga va' y yo me ponía ahí a que me lo dieron. Me iba apañadísimo dando tumbos por el pasillo".
Además, había otras peculiaridades en la alimentación que también formaban parte de estos recuerdos: "Recuerdo también que había una cosa que se llamaba vino quinito que daban para que a los niños les entrara el hambre. A mí la comida me daba igual, me gustaba el vinito quinito".