Las primeras semanas de marzo invocan una mística de remontada en los anales de la historia del Barça, y han sido varias las ocasiones en las que el club ha dado la vuelta a un resultado adverso por estas fechas. La más reciente ocurrió en 2021 durante las semifinales de Copa, con un 3-0 al Sevilla tras el 0-2 del Sánchez Pizjuán. Años atrás quedan para el recuerdo la inolvidable noche del 6-1 ante el PSG o el 4-0 al Milan en 2013.
Entre estos registros emerge una noche con múltiples paralelismos ante la cita del próximo 3 de marzo, donde el Barça buscará la épica ante el Atlético tras el 4-0 en contra de la ida. Para encontrarla debemos echar la vista atrás hasta la temporada 96/97, aquella marcada por la transición de la era Cruyff y en la que Ronaldo Nazario se dio a conocer al mundo. Con Bobby Robson al mando, el Barça acabaría conquistando Copa, Supercopa de España y Recopa de Europa.
En su competición reina el camino no fue sencillo. La andadura empezó con un Clásico en octavos que terminó con victoria por 3-2 en el Camp Nou. Ronaldo abrió el marcador, Suker y Hierro le dieron la vuelta, pero un gol de falta de Nadal y otro de Giovanni a pase de Guardiola dieron ventaja al Barça. En la vuelta en el Bernabéu el partido transcurrió sin goles hasta que en el minuto 70 un autogol de Roberto Carlos hizo botar de alegría a los culés. Pese a que poco después Blanc cometió un penalti que transformó Suker, el Barça logró apear a su eterno rival.
Un partido para la posteridad
Tan solo tres semanas después los blaugranas viajaron de nuevo a Madrid para medirse al Atlético de Radomir Antic, quien acabaría entrenando al Barça en 2003. El partido acabó 2-2 con un doblete de Pizzi y dejó todo abierto para la vuelta en el Camp Nou, donde se viviría una de las noches más recordadas de la historia culé. Hay partidos que no se explican con táctica sino con el corazón. Lo vivido aquel 12 de marzo de 1997 fue un milagro en estado puro. El Camp Nou pasó del funeral al manicomio en noventa minutos de locura colectiva. El Barça empezó el partido de la peor manera, y a los 30 minutos, Pantic ya había anotado un hat-trick, por lo que el global era de 2 a 5 en contra. Con el 0-3 al descanso muchos dieron la eliminatoria por muerta sin saber que estaban a punto de presenciar la remontada más salvaje de la historia moderna del club.
La segunda parte fue un asedio constante que personificó el fútbol total de Robson. El rugido del estadio empujó cada balón y Ronaldo recortó distancias con un doblete en tres minutos (47' y 50'). Ni siquiera el cuarto gol de Pantic al cabo de un minuto frenó la fe de un equipo que atacaba con rabia. Figo (67'), con una volea que todavía resuena en las mallas de Molina, y de nuevo Ronaldo (72') pusieron el 4-4, dejando el escenario listo para el héroe que nadie esperaba pero todos necesitaban. En el minuto 82 el destino hizo justicia. Un balón muerto en el área pequeña fue cazado por la bota de Pizzi para certificar el 5-4 definitivo. El estallido de júbilo fue tal que los cimientos del Camp Nou temblaron mientras Puyal inmortalizaba el momento con su mítico "¡Sos macanudo Pizzi, qué bueno que viniste!". Una gesta grabada a fuego en el ADN culé que hoy se recuerda con el orgullo de los que nunca dejan de creer.
Ahora, 29 años después, el destino vuelve a poner al Barça frente al mismo espejo. El Spotify Camp Nou se prepara para desafiar las leyes de la lógica e invocar el eco de una historia que demuestra que un 4-0 es solo el prólogo de lo imposible. Aquel 5-4 de 1997 ante el mismo rival confirmó que cuando el fútbol se desprende de la pizarra surge una mística capaz de convertir el silencio en estruendo.