Si el deporte olímpico español necesita un espejo en el que mirarse no lo tiene muy lejos. Italia, un país con una cultura muy similar a la nuestra, se ha consolidado como una de las grandes potencias mundiales con un modelo en el que prima la excelencia. Porque no se trata sólo de invertir, hay que tutelar ese dinero y pergeñar un plan general a medio y largo plazo para que dé los frutos esperados. Básicamente lo que el CSD no ha hecho desde los Juegos de Barcelona'92 con la complicidad de todos los actores implicados.